Una línea de palos y alambre reposa quieta, enterrada por partes, parcelando la gran extensión de color verrón. Su interior, llano y basto, es habitado por animales de mirada curiosa que esperan.
En otro lugar, más pequeño, de ese lugar, el pico de la pava, de a pedazos escupe una columna de humo, mientras la bomba, simple, con su monótona melodía, cumple la rutina de ofrecer agua clara que permite quitar del rostro los restos oscuros del sueño.
El mate ya cebado.
Las migajas de pan, junto a la madura mesa de madera, se entregan pacientes al paso del tiempo; hasta tanto el sol llegue a su punto más alto trayendo la magia que hace a las sombras desaparecer. Se entregan con paciencia a la espera del instante en que sirvan de escena al alimento; que seducirá, con una sazonada gama de estímulos, a los ojos, y más abajo: la nariz, y más abajo: la boca.
Como una soga atada del rancho al corral, la polvorienta piel del camino, recobra vida, ahora, sintiendo la aspereza de un par de alpargatas gastadas y endurecidas, que a su paso provocan un leve sudor de tierra, que avanza intermitente hasta detenerse sólo el tiempo que usa la tranquera en dar los buenos días con su característico movimiento de bisagra.
Y los animales, ahí.
Esos animales empiezan a reunirse con la mirada curiosa, ahí.
Y ahí, los animales con sus miradas curiosas empiezan a reunirse
sabiendo
lo que esperan.
Arrieiro
Uma linha de paus e arame repousa quieta, enterrada por partes, parcelando a grande extensão de cor verrom. Seu interior, chão e basto, é habitado por animais de olhar curioso que esperam.
Em outro lugar, menor, desse lugar, o bico do bule de a pedaços cuspe uma coluna de fumo, em tanto a bomba, simples, com sua monótona melodia, cumpre a rotina de oferecer água clara que permite quitar do rosto os restos escuros do sonho.
O chimarrão já cevado.
As migalhas de pão, junto à madura mesa de madeira, se entregam pacientes ao passo do tempo; até tanto o sol chegue a seu ponto mais alto trazendo a magia que faz às sombras desaparecer. Se entregam com paciência à espera do instante em que sirvam de cena ao alimento; que seduzira, com uma sazonada gama de estímulos, aos olhos e mais abaixo: o nariz, e mais abaixo: a boca.
Como uma soga atada do rancho ao curral, a poeirenta pele do caminho, recobra vida agora, sentindo a aspereza dum par de sapatos gastados e endurecidos, que a seu passo provocam um leve suor de terra, que avança intermitente até deter-se só o tempo que usa a
porteira em dar o bom dia com seu característico movimento de dobradiça.
E os animais aí.
Esses animais começam a reunir-se com o olhar curioso, aí.
E aí, os animais com seus olhares curiosos começam a reunir-se
sabendo
o que esperam.
del libro "palabras de tierra y alma"
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