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31.8.10

Raúl Gonzaléz Tuñón - Biografía



A lo largo de su trayectoria literaria, el poeta Raúl González Tuñón supo forjar una fructífera carrera asociada a la vanguardia literaria argentina de los años ‘20 que lo llevó, durante distintas etapas de su vida, a hacer amistad con reconocidos autores como Miguel Hernández, Federico García Lorca y Pablo Neruda, entre otros.




Nacido el 29 de marzo de 1905 en Buenos Aires, González Tuñón se inició desde muy joven en el universo de las letras. Sólo contaba con 21 años cuando publicó su primera obra, titulada “El violín del diablo”, época en la cual también se dedicó a difundir sus versos a través de las revistas “Martín Fierro”, “Proa”, “Inicial” y “Caras y Caretas”.



Por su participación en “Martín Fierro”, este escritor fue asociado al llamado Grupo de Florida (nombrado de esta forma por una elegante calle que se ubica en Buenos Aires). Sin embargo, el autor mantuvo una buena relación con intelectuales integrantes del Grupo de Boedo (un barrio por entonces proletario), trascendiendo la supuesta rivalidad.



En 1928, luego de recorrer el interior de su país y poco antes de trasladarse hacia territorio europeo, sumó a su obra “Miércoles de ceniza”. Dos años después, ya instalado en París, dio a conocer uno de los libros que, con el tiempo, se convertiría en uno de sus textos fundamentales junto a “La rosa blindada”: “La calle del agujero en la media”.



Además de dedicarse a la producción de obras literarias, Raúl González Tuñón también mostró interés por las cuestiones políticas (estuvo afiliado al Partido Comunista argentino), desarrolló labores periodísticas en los diarios “Crítica” y “Clarín” y se dedicó a viajar por diferentes regiones (estuvo en Madrid, Brasil, el Chaco paraguayo, Chile, la Unión Soviética y en China, entre otros sitios).



“El otro lado de la estrella”, “Todos bailan”, “Poemas de Juancito Caminador”, “Primer canto argentino”, “Todos los hombres del mundo son hermanos”, “A la sombra de los barrios amados”, “Demanda contra el olvido”, “El rumbo de las islas perdidas” y “La veleta y la antena” son otros de los títulos que conforman la destacada obra literaria de este poeta que falleció el 14 de agosto de 1974.

27.8.10

Mas Raúl González Tuñón



La luna con gatillo

Es preciso que nos entendamos.


Yo hablo de algo seguro y de algo posible.

Seguro es que todos coman

y vivan dignamente

y es posible saber algún día

muchas cosas que hoy ignoramos.

Entonces, es necesario que esto cambie.



El carpintero ha hecho esta mesa

verdaderamente perfecta

donde se inclina la niña dorada

y el celeste padre rezonga.

Un ebanista, un albañil,

un herrero, un zapatero,

también saben lo suyo.



El minero baja a la mina,

al fondo de la estrella muerta.

El campesino siembra y siega

la estrella ya resucitada.

Todo sería maravilloso

si cada cual viviera dignamente.



Un poema no es una mesa,

ni un pan,

ni un muro,

ni una silla,

ni una bota.



Con una mesa,

con un pan,

con un muro,

con una silla,

con una bota,

no se puede cambiar el mundo.



Con una carabina,

con un libro,

eso es posible.



¿Comprendéis por qué

el poeta y el soldado

pueden ser una misma cosa?



He marchado detrás de los obreros lúcidos

y no me arrepiento.

Ellos saben lo que quieren

y yo quiero lo que ellos quieren:

la libertad, bien entendida.



El poeta es siempre poeta

pero es bueno que al fin comprenda

de una manera alegre y terrible

cuánto mejor sería para todos

que esto cambiara.



Yo los seguí

y ellos me siguieron.

¡Ahí está la cosa!



Cuando haya que lanzar la pólvora

el hombre lanzará la pólvora.

Cuando haya que lanzar el libro

el hombre lanzará el libro.

De la unión de la pólvora y el libro

puede brotar la rosa más pura.



Digo al pequeño cura

y al ateo de rebotica

y al ensayista,

al neutral,

al solemne

y al frívolo,

al notario y a la corista,

al buen enterrador,

al silencioso vecino del tercero,

a mi amiga que toca el acordeón:

-Mirad la mosca aplastada

bajo la campana de vidrio.



No quiero ser la mosca aplastada.

Tampoco tengo nada que ver con el mono.

No quiero ser abeja.

No quiero ser únicamente cigarra.

Tampoco tengo nada que ver con el mono.

Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombre

y no quiero ser, jamás,

una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.



Ni colmena, ni hormiguero,

no comparéis a los hombres

nada más que con los hombres.



Dadle al hombre todo lo que necesite.

Las pesas para pesar,

las medidas para medir,

el pan ganado altivamente,

la flor del aire,

el dolor auténtico,

la alegría sin una mancha.



Tengo derecho al vino,

al aceite, al Museo,

a la Enciclopedia Británica,

a un lugar en el ómnibus,

a un parque abandonado,

a un muelle,

a una azucena,

a salir,

a quedarme,

a bailar sobre la piel

del Último Hombre Antiguo,

con mi esqueleto nuevo,

cubierto con piel nueva

de hombre flamante.



No puedo cruzarme de brazos

e interrogar ahora al vacío.

Me rodean la indignidad

y el desprecio;

me amenazan la cárcel y el hambre.

¡No me dejaré sobornar!



No. No se puede ser libre enteramente

ni estrictamente digno ahora

cuando el chacal está a la puerta

esperando

que nuestra carne caiga, podrida.



Subiré al cielo,

le pondré gatillo a la luna

y desde arriba fusilaré al mundo,

suavemente,

para que esto cambie de una vez.





LLuvia


Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.


De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.

De cualquier manera sus tambores acunan nuestras noches y la lectura tranquila corre a su lado por los canales del sueño.

Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban:

No habían despertado todavía al amor.

No sabían nada de nosotros.

De nuestro secreto.

Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga.

Estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro compartido, en nuestro apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.

Te quiero con toda la ternura de la lluvia.

Te quiero con toda la furia de la lluvia.

Te quiero con todos los violines de la lluvia.

Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana, increíble, pero, tan real, numerosa, pero tan mía.

Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño.

Oh, visitante.

Ya es seguro que ningún desvío nos separará.

Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único.

Ambos nos ayudaremos para subir la callejuela empinada.

Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos la línea del otoño.

Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan poderosa, que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto, cuando tú y yo seamos sombras, y todavía estemos pegados, juntos, subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión irremediable.

Oh, visitante.

Estoy lleno de tu vida y de tu muerte.

Estoy tocado de tu destino.

Al extremo de que nada te pertenece sino yo.

Al extremo de que nada me pertenece sino tú.

Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta.



La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Oh, íntima, recóndita alegría.

Estoy tocado de tu destino.

Oh, lluvia. Oh, generosa.









CASA DE REMATE




Armatostes insignes! Todavía maduros,

cuánta vida a su orilla es hoy podrida muerte,

cementerio de gestos y voces y cenizas.



Armarios, mesas, cómodas, sillones,

que fueron vegetal estremecido,

aserradero y éxtasis.



Guardaron los secretos familiares,

como animales fieles y callados y lentos

¡compresivos!



El hogar, la provincia,

el adorno de los candelabros,

la represión sexual

y el deseo de los daguerrotipos.



Y cuántas frases célebres,

cuántos niños prodigio con violines,

cuánta vajilla fallecida,

cuánto termómetro,

cuánta carta con noticias que un tiempo conmovieron,

cuánto viaje que nunca realizaron

porque, a lo sumo, con los cuadros cirios

ardiendo todavía, alguien que sale,

alguien a quien se llevan

hacia la soledad y los gusanos,

hacia la nada activa.



Algo de abandonadas estaciones,

algo de teatro clausurado,

algo de recepción deshabitada,

algo de espectro real, concreto espanto,

y de naufragio sin naufragio.





EL CABALLO MUERTO




Media noche. Sobre las piedras

De la calzada hay un caballo muerto.

Aún faltan cinco horas

Para que venga el carro de "La Única"

Y se lo lleve. Ese caballo viejo,

hedoroso de sangre coagulada,

ese pobre vencido, fue un obrero.



Un hermano del pájaro, un hermano del perro.

Fue el hermano caballo que anduvo bajo el sol,

que anduvo bajo el agua, que anduvo entre los vientos

tirando de los carros

con los ojos cubiertos.

Fue el hermano caballo. Ninguno irá a su entierro.





ESCRITO EN UNA TRASTIENDA



En todos los puertos del mundo

descansa la noche

sobre los navíos oscuros

y reza su rosario de lunas

el viejo lobo curtido y silencioso.

Palomas de las músicas vagabundas

picotean los fanales encendidos.

Tu recuerdo ha hecho hueco en mi mano sin luz.

Ah, llegar a tu cabellera rubia como a un puerto final.



Atracan los astros

y detrás de los grandes murallones de sombras

luces multicolores se roban las miradas

y las estrellas son afónicas

como la voz de la violinista tuberculosa

cuya tos en el bar es obligatoria.

El alcohol anda en zancos y las mujeres canallas

Pasean su olor a polvo y su cansancio.

En todos los puertos del mundo

hay alguien que está esperando.

Hasta muy cerca de los navíos

salen los patios

y entran por los oídos de los marinos.

Un sabor dulce, un amargo sabor.

En todos los puertos del mundo

hay vagabundos como yo

que asoman al asombro lejano

el corazón, como un barquito en la mano.

Hay una calle, larga borrachera,

pedazos de noche dispersada

y cuando llega el alba roja y con su clarín

revuela pájaros alucinados,

en todos los puertos del mundo

hay alguien que está esperando.







LA CALLE DEL AGUJERO EN LA MEDIA



Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad

y la mujer que amo con una boina azul.

Una calle que nadie conoce ni transita.

Yo conozco la música de un barracón de feria,

barquitos en botella y humo en el horizonte.

Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad.



Ni la noche tumbada sobre el ruido del bar

ni los labios sesgados sobre un viejo cantar

ni el affiche gastado del grotesco armazón

telaraña del mundo para mi corazón.

Ni las luces que siempre se van con otros hombres

de rodillas desnudas y de brazo tendidos.

Tenía unos pocos sueños iguales a los sueños

que acarician de noche a los niños queridos.

Tenía el resplandor de una felicidad

Y veía mi rostro fijado en las vidrieras

Y en un lugar del mundo era un hombre feliz.



¿Conoce usted paisajes pintados en los vidrios

y muñecas de trapo con alegres bonetes

y soldaditos juntos marchando en la mañana

y carros de verdura con colores alegres?

Yo conozco una calle de una ciudad cualquiera

y mi alma tan lejana y tan cerca de mí

y riendo de la muerte y de la suerte y

feliz como una rama de viento de primavera.



El ciego está cantando. Te digo, amo la guerra.

Esto es simple, querida, como el globo de luz

del hotel en que vives. Yo subo la escalera

y la música viene a mi lado, la música.

Los dos somos gitanos de una troupe vagabunda.

Alegres en lo alto de una calle cualquiera,

alegres las campanas con una nueva voz.

Tú crees todavía en la revolución

y por el agujero que coses en la media

sale el sol y se llena todo el cuarto de sol.



Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad,

una calle que nadie conoce ni transita.

Sólo yo voy por ella con mi dolor desnudo,

sólo con el recuerdo de una mujer querida.

Está en un puerto. ¿Un puerto? Yo he conocido un puerto.

Decir: Yo he conocido, es decir: Algo ha muerto.





COSAS QUE OCURRIERON EL 17 DE OCTUBRE



El automóvil se lanzó a la carrera con un ronquido impresionante.

El Intendente visitó esta tarde los barrios obreros húmedos y rencorosos.

A los 20 años sólo creíamos en el arte, sin la vida, sin la revolución.

Volveremos a las usina, al olor de la multitud y los descarrilamientos.

A las 5.7 estalló una bomba frente al Banco de Boston.

A las 5.17 el tranvía cayó al Riachuelo.

El Restaurant Reis queda en Río de Janeiro.

¿Nise o Nice, se llamaba la mujer de Mario Magalhaes?

El tranvía escapaba por el morro la oruga tierna, luminosa.

Pero al fin se dio vuelta en el recodo y se perdió.

Y así se perdió y así se pierde casi todo en el mundo.

Cuando volví mis viejos compañeros habían desaparecido.

Los niños juegan en la alfombras y ellos no saben nada;

por los ojos les entra la página del Veo y Leo.

("¡Fuego, fuego! La casa se quema. Vienen los bomberos").

Los enanos juegan en los calveros de los grandes bosques.

HA hecho de mi querida una verdadera camarada.

Me bebo un seco de Gordon, bailo un blues, me enamoro de algunas chimeneas

y me río de los millonarios.



El pobre hombre dijo cuatro palabras y cayó muerto acribillado.

El coronel entregó personalmente 5 pesos a cada soldado.

Le habían dicho: "Mañana, al alba, será usted fusilado".

Los otros condenados aullaron agarrados a las rejas.

Tres niñas de la Sociedad van a ser presentadas al Príncipe de Gales.

El Parque amaneció cubierto de preservativos.

Josefina II ha pasado recién como un silbido.

Se acercará al muelle y las lindas muchachas bajarán, de sombrilla.

¡Qué macanudo!

("¡Fuego, fuego! La casa se quema. Vienen los bomberos."

"Sofá. Cama. Sopa. Cada nabo soso. La bola va sola.")

El hombre fusilado debe estar ya medio destruido en la Chacarita.

América Scarfó le llevará flores, y cuando estemos todos muertos muertos,

América Scarfó nos llevará flores.



Ricardo Crespo





BLUES DE LOS PEQUEÑOS DESHOLLINADORES



¿Te acuerdas de los turcos vendedores

de madapolán?

¿Y de los muñecos de trapo quemados en la

noche de San Juan?

¿Te acuerdas de los pequeños deshollinadores

y de los negros candomberos

y de mí que en las tardes de lluvia

detrás de los vidrios

miraba el paisaje caído en la zanja?



¿Te acuerdas del muro del día escalado, ardido,

mordido como una

fruta?

¿Te acuerdas de María Celeste?

Pues hoy María Celeste es una

prostituta.

¿Te acuerdas de la tienda fresca, violeta, rosa

y el torcido y verde farol?

Pues Juan el Broncero es hoy

un ladrón.



¿Te acuerdas de los pequeños deshollinadores

oscuros, oscuros?

Pues hoy los pequeños deshollinadores

son hombres maduros

que gritan en las cantinas

escupen polvo en las negras fábricas

y aguardan las yiras fugaces

en los baldíos y en las esquinas.

Raúl González Tuñón




DE PRONTO ENTRÓ LA LIBERTAD


Estábamos todos dormidos,

algunos bajo los árboles,

otros sobre los ríos,

algunos más entre el cemento,

otros más bajo la tierra.

De pronto entró la Libertad

con una antorcha en la mano.

Estábamos todos despiertos,

algunos con picos y palas,

otros con una pantalla verde,

algunos más entre libros,

otros más arrastrándose, solos.

De pronto entró la Libertad

con una espada en la mano.

Estábamos todos dormidos,

estábamos todos despiertos

y andaban el amor y el odio

más allá de las calaveras.

De pronto entró la Libertad,

no traía nada en la mano.

La Libertad cerró el puño.

¡Ay! Entonces…







EL POETA MURIÓ AL AMANECER

Sin un céntimo, solo, tal como vino al mundo,


murió al fin en la plaza frente a la inquieta feria.

Velaron el cadáver del dulce vagabundo

dos musas: la esperanza y la miseria.

Fue un poeta completo de su vida y su obra,

escribió versos casi celestes, casi mágicos,

de invención verdadera

y como hombre de su tiempo que era

también ardientes cantos y poemas civiles

de esquinas y banderas.

Algunos, los más viejos, lo negaron de entrada.

Algunos, los más jóvenes, lo negaron después.

Hoy irán a su entierro cuatro buenos amigos,

los parroquianos del Café,

los artistas del circo ambulante,

unos cuantos obreros,

un antiguo editor,

una hermosa mujer

y mañana, mañana,

florecerá la tierra que caiga sobre él.

Deja muy pocas cosas, libros, un Heine, un Whitman,

un Quevedo, un Darío, un Rimbaud, un Baudelaire,

un Schiller, un Bertrand, un Becquer, un Machado,

versos de un ser querido que se fue antes que él,

muchas cuentas impagas, un mapa, una veleta

y una antigua fragata dentro de una botella.

Los que le vieron dicen que murió como un niño.

Para él fue la muerte como el último asombro:

tenía una estrella muerta sobre el pecho vencido,

y un pájaro en el hombro.








EL CEMENTERIO PATAGÓNICO


A veces el viento patagónico es un cazador barbudo y alto.

Viene como la música, trae los ruidos del desierto y la montaña.

Marcha de puesto en puesto entre balleneros, entre quillangos.

Marca de pueblo en pueblo entre gin, entre pescadores, entre fulleros.

Marcha de campamento en campamento

Entre canallas enriquecidos con la sangre de los desgraciados.

Marcha de puerto en puerto entre rufianes, entre palomas heladas y garúas,

entre asesinatos, entre monedas chilenas y argentinas.

Oh, trashumante.

Las prostitutas de los climas sureros lo siguen, alucinadas.

Todas las prostitutas -en su mayoría pelirrojas- lo siguen.

Él, el viento cazador, continúa su marcha

Y v a perderse hacia quién sabe qué archipiélago,

Hacia quién sabe qué cinematógrafo,

Hacia quién sabe qué enloquecida alcantarilla.



A veces, nuevo avatar, el viento patagónico es una sirena del aire.

En los hangares de las madrugadas atrae a los aviadores.

Los pequeños mecánicos comprueban con júbilo

La velocidad del viento a ras de tierra

y cuando arriba el altímetro señala una capa favorable de aire

La sirena los lleva en su canto,

la terrible sirena los lleva con sus canto de brumas, y lloviznas y nieve,

y ellos van a estrellarse

sobre enormes malolientes colonias de elefantes y lobos marinos,

sobre plantas de petróleo, sobre columnas de asustados guanacos,

sobre los rojos galpones de las curtidas villas del Sur.



Cazador o sirena el viento manda en la Patagonia.

Cazador o sirena se detiene en el corazón de la Patagonia.

Él, cazador o sirena,

camarada de los auténticos trabajadores de la Patagonia, se detiene

y va a rendir a la ceniza de los obreros asesinados por el Gobierno,

un homenaje de silencio cargado de tormenta. Oh trashumante.



En Santa Cruz, entre el mar y los montes

yo he visto el pequeño cementerio de los huelguistas fusilados.

Unos mal enterrados, en la fosa abierta por ellos,

asoman la punta del zapato con tierra y lagartijas.

Otros, enterrados vivos quizá.

una mano de hueso implorante picoteada por los cuervos.

Y no es extraño ver a lo largo del camino

restos de otros,

curioso contenido de la intemmperie.

Las caravanas de los desposeídos de la tierra, las largas filas de linyeras forzados,

la multitud de todos los países que se dirige al sur de la tierra

en busca del pan y de la muerte,

la multitud de todos los países que se dirige al sur de la tierra

en busca de la nostalgia y el olvido,

se detiene ahí, donde, oasis del viento patagónico, la tierra estéril lanza sus perros amarillos.

Allí, donde la aullante tierra reseca desafía las nubes,

viajeras de tres cielos.

Allí, donde las brújulas de los barcos perdidos, ya fantasmas,

señalan contra las costas, al fin, el rumbo de una próxima venganza.



Y es inútil, tuertos, sin pierna, todos los marineros han partido.

Todos los petroleros ha partido

y las calderas pueden estallar a la salida del gran golfo.

Todas las prostitutas han partido detrás del viento cazador.

Todos los aviadores de línea han despegado

y van detrás de la sirena viento.

Los peones del campo, las hormigas del cuero, el frigorífico y la lana han partido.

Y los recaudadores de Tierras y Colonias han partido.

Y ellos quedaron solos ente el mar y los montes

y ellos quedaron solos sin nombres y sin cruces

y ellos quedaron solos con las blusas agujereadas

y con lo agujeros de la carne sin carne.

Únicamente el viento cazador o sirena, adormece dulcemente su muerte.

Adormece delicadamente su putrefacta muerte, esa útil muerte.

Ese violento arroyo de ceniza

Que subterráneamente ha de desembocar en la revuelta

Y en cuyas aguas, grises y calientes, mi voz templa un acero

conocido.




A LIBERTARIA
A la memoria de Aída Lafuente, muerta en la cuenca minera de Asturias, Madrid.




Estaba toda manchada de sangre,

estaba toda matando a los guardias,

estaba toda manchada de barro,

estaba toda manchada de cielo,

Estaba toda manchada de España.



Ven, catalán jornalero, a su entierro,

ven, campesino andaluz, a su entierro,

ven a su entierro, yuntero extremeño,

ven a su entierro, pescador gallego,

ven, leñador vizcaíno, a su entierro,

ven, labrador castellano a su entierro,

no dejéis solo al minero asturiano.



Ven, porque estaba manchada de España,

ven, porque era la novia de Octubre,

ven, porque era la rosa de Octubre,

ven, porque era la novia de España.



No dejéis sola su tumba del campo

donde se mezclan el carbón y la sangre,

florezca siempre la flor de su sangre

sobre su cuerpo vestido de rojo,

no dejéis sola su tumba del aire.



Cuando desfilan los guardias de asalto,

cuando el obispo revista las tropas,

cuando el verdugo tortura al minero,



Ella, agitando su túnica roja,

quiere salir de la tumba del viento,

quiere salir y llamaros hermanos

y renovaros valor y esperanza

y recordaros la fecha de Octubre

cuando caían las frutas de acero

y estaba toda manchada de España

y estaba toda la novia de Octubre

y estaba toda la rosa de Octubre

y estaba toda la madre de España.












ECHE VEINTE CENTAVOS EN LA RANURA (1926)




I



A pesar de la sala sucia y oscura

de gentes y de lámparas luminosa

si quiere ver la vida color de rosa

eche veinte centavos en la ranura.

Y no ponga los ojos en esa hermosa

que frunce de promesas la boca impura.

Eche veinte centavos en la ranura

si quiere ver la vida color de rosa.

El dolor mata, amigo, la vida es dura,

eche veinte centavos en la ranura

si quiere ver la vida color de rosa.



II



Lamparillas de la Kermesse,



títeres y titiriteros,

volver a ser niño otra vez

y andar entre los marineros

de Liverpool o de Suez.



III



Teatrillos de utilería.

Detrás de esos turbios cristales

hay una sala sombría.

Paraísos artificiales.



IV



Cien lucecitas. Maravilla

de reflejos funambulescos.

¡Aquí hay mujer y manzanilla!

Aquí hay olvido, aquí hay refrescos.

Pero sobre todo mujeres

para hombres de los puertos

que prenden como alfileres

sus ojos en los ojos muertos.



No debe tener esqueleto

el enano de Sarrasani,

que bien parece un amuleto

de la joyería Escasany.

Salta la cuerda, sáltala,

ojos de rata, cara de clown

y el trala-trala-trálala

ritma en tu viejo corazón.



Estampas, luces, musiquillas,

misterios de los reservados

donde entrarán a hurtadillas

los marinos alucinados.

Y fiesta, fiesta casi idiota

y tragicómica y grotesca.

Pero otra esperanza remota

De vida miliunanochesca…



V



¡Qué lindo es ir a ver

la mujer

la mujer más gorda del mundo!

Entrar con un miedo profundo

pensando en la giganta de Baudelaire…

Nos engañaremos, no hay duda,

si desnuda nunca muy desnuda,

si barbuda nunca muy barbuda

será la mujer.

Pero ese momento de miedo profundo…



¡Qué lindo es ir a ver

la mujer

la mujer más gorda del mundo!



VI



Y no se inmute, amigo, la vida es dura,

con la filosofía poco se goza.

Eche veinte centavos en la ranura

si quiere ver la vida color de rosa.
 
 
 




Al recordar al personaje cuyo nombre le sirvió de título de su novela Los poemas de Juancito Caminador, el poeta argentino Raúl González Tuñón contaba:



“Era un negro enternecedor que trabajaba en un circo. Todos los circos son pobres pero éste era más pobre que los pobres. Había concebido e interpretaba un número de magia: colocaba sobre una mesa una calavera con una hoja de lechuga sobre su mandíbula. Por detrás, e invisible para el público, un conejo comía la hoja dando así la impresión de que era la calavera quien lo hacía. Se quedó sin trabajo el día en que murió el conejo. No sé si a nadie se le ocurrió comprar otro o si no tuvieron dinero”.

 
 
JUANCITO CAMINADOR




murió en un lejano puerto-

El prestidigitador

poca cosa deja al muerto.



Terminada su función

-canción, paloma y baraja-

todo cabe en una caja,

todo, menos la canción.



Ponle luto a la pianola,

al conejito, a la estrella,

al barquito, a la botella,

al botellón, a la bola.



Música de barracón

-canción, baraja y paloma-

flor de campo sin aroma

Todo, menos la canción.



Ponle luto a la veleta,

al gallo, al reloj de cuco,

al fonógrafo, al trabuco,

al vaso y a la carpeta.



Su prestidigitación

-canción, paloma y baraja-

el tiempo humilla y ultraja,

Todo, menos la canción.



Mucha muerte a poca vida,

que lo entierre de una vez

la reina del ajedrez

y un poeta lo despida.



Truco mágico, ilusión,

-canción, baraja y paloma-

que todo en broma se toma,

todo, menos la canción.




 
 
LA PEQUEÑA BRIGADA




Guerra del Chaco



La pequeña brigada avanza.

¿Hemos oído la guerra, hermanos?

¿Hemos visto la guerra, hermanos?

La pequeña brigada, avanza.

La cabeza quedó colgada

como una fruta en el alambre.

Somos la pequeña brigada.

Somos el sueño, la sed, el hambre.

Por el ruido de los obuses

los oídos reventarán

y nos romperán y nos sepultarán

en áridas tierras sin cruces.

Como en la noche de San Juan

se abren brazos de luz que arroja

sombreros de fuego y de hierro.

Tenemos un hambre de perro.

Nos enloquece la fiebre roja.

Del otro lado, en la trinchera

enemiga, también están

la sed, el hambre, el sueño. Espera

tu sucio pedazo de pan.

Doctores de la guerra, villanos,

la granada está por caer

y tenemos tintas las manos

en sangre del amanecer.

Vuestros hijos, también villanos,

jamás os podrán suceder.

Seremos hermanos, hermanos,

algún día tendrá que ser.

¿Nosotros hemos visto la guerra?

Avanza la pequeña brigada.

¿Nosotros hemos oído la guerra? En la maraña de la picada.



Como cadáveres afilados,

lívidos, de dos en dos,

vamos caminando sin Dios

con los cráneos agujereados.