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19.12.13




vení 

apenas tengo
esta mano abierta

no te librará del horror
temblaremos juntos



19.11.13




a las cicatrices de la muerte
nada le concede tu ternura



18.11.13




pongo palabras a la vida
encarno personajes
en capítulos diferentes

se transforman en tragedia
apenas me lo creo



12.11.13




insiste una palabra
hormiga que busca en mi boca

necesito de vos
para nombrarla




5.11.13




busco crearme
nueva cada vez
para que tus ojos



28.10.13




como el blanco sol de una salina 
así el amor 
arde en constante sed del otro



23.10.13




ofrecen tus ojos la mirada
que madura al amor
sujetan la palabra mujer
que juega
sobre tu cuerpo



17.10.13




me pienso un bocado
mis pezones saben
cuando tus labios






16.10.13

                    


                 a Jorge Larguía

atravesado cilindro
alquimia del aire
brisa torbellino
sutil delicadeza
del soplo        


       


                                                                                                                                                                                                             

4.10.13




mis manos ensayan
el toque de la mirada
para que una noche
tu piel



3.10.13




cuidaré tu mirada
con lo que encuentre
al alcance de la mano
que no puede
acariciarla






25.9.13




él sabía que la vida 
sabe a sed 
en la savia de los días



20.9.13




en mi cuerpo
el amor se actualiza
ante tus ojos



12.9.13




seré lluvia
una tarde
lenta
sobre tu orilla



10.9.13




la noche se tradujo en desvelo



9.9.13




y él insiste en buscar su alma dentro mío



6.9.13




telescopio

cilindro insomne
buscas en la noche
la fusión nuclear
amparo del infinito?






era virgen
de esa piel, infierno que te viste
por el íntimo sismo del cuerpo
lo juro



4.9.13




mediodía de parque
al sol arde la infancia
supongo tu mirada
todo el verde y la luz



2.9.13




tu boca
intervención polisémica
en el arte del cuerpo
obra



1.9.13




blanca la flor
de único pétalo
aloja el vástago
sin despojarlo



26.8.13




húmedo calor
entre dos cuerpos
borde u orilla
sos un pez 
que respira ese río y cree
en el fluir sonoro
de su palabra



23.8.13




noche abismo
umbral de la nada si
soy sin mis bordes



22.8.13




el viento se suelta
es la calesita 
esa voz que nos susurra?
despojados del tiempo
temblamos los años
con la sortija en la mano



18.8.13



qué lindo
el amor
nos destroza



15.8.13




llegar a tu mirada
dejar que lenta me quite el abrigo
será primavera
tardecerás conmigo



12.8.13



lejos de vos
el cuerpo se llena de fantasmas
que borran los colores
desconocen los bordes
que trazó tu mirada
enmascaran las palabras
que lo inscriben




5.8.13




cuando las bestias del amor
no ronden por mi cuerpo
será un aullido
como plegaria
desgarrada de la piel
quien las convoque



31.7.13




nosotros lejos
la noche
aún inexplorada



29.7.13





seremos río mar peces
tierra firme árbol
ramita flor manzana
sal sol sed ardor 
brasa brisa viento y llama

en apenas una noche






26.7.13




miro tu foto
espero te des vuelta 
me mires
aunque me convierta 
en estatua de sal




18.7.13




un hombre mira el mar
corre cardumen médula 
de mis huesos



27.6.13




Cerrar puertas y ventanas por la noche para conectar la alarma, era la rutina. La oscuridad del cuarto, como un silencio para los ojos, podía ser la mejor manera de entrar al sueño.
La alarma se rompió, hasta que no venga el técnico tendremos que soportar el miedo. 
Dejé la ventana abierta, un poco por pereza; hay un cuarto iluminado por la luz de la lámpara bajo consumo que viene del patio, oblicua deja ver las réplicas de "Moulin de la Galette" de Van Gogh, "Mapa y territorio" de la Marting, platea sin estridencias la superficie de los muebles, dibuja algunas sombras y cómo me parece la luna.



23.6.13




vida pássaro
a carona dum verso
será o amor?



14.6.13




la sed a plazo fijo del día
busca la noche
para que la lluvia



23.5.13




estupidalatramamadejadesentido



15.5.13




palabra soplo
brisa en las pestañas
viento manuscrito
pétalo en la piel



30.4.13




gas brisa elemental
tu nombre



24.4.13




el ciprés dibuja
cóncava
la noche



23.4.13




alojas al viento
ese instante
ramita que espiralas



26.3.13




intemperie
cicatriz
mancha del refugio



20.3.13




sesgas el ocre
ramita que en otoños
espiralas



4.3.13




grita su nombre / en mi boca
aullido donde los cuerpos bailan



2.3.13




la sutileza de la noche
siembra palabras
semillas preñadas
parirán el poema



26.2.13




puedo elegir la nada
que alimenta al amor



13.2.13




caballos blancos 
galopan en la nieve
el paisaje es apenas
latido del color



9.2.13




demorarme
en el susurro de tus manos
arena de la sed
sal sol
agüita de la orilla



1.2.13

FORMAS BREVES






Por Roberto Retamoso




Formas breves es el título de un libro de Ricardo Piglia. Lo advertimos para que no se piense que lo estamos plagiando, ni tampoco que se crea que lo usamos por desconocimiento de esa obra. Por el contrario, su utilización deliberada obedece a una manera de entender la escritura, a la que concebimos como un vasto espacio compuesto de citas, alusiones, paráfrasis e incluso -en un sentido más bien fónico y sonoro, acorde con la sustancia de la poesía- de ecos y reverberaciones de voces que resuenan en nuestra propia voz.
Si la escritura, entonces, es ese juego donde los textos y las palabras replican la serie infinita del lenguaje que los alberga y engendra, la apropiación de un nombre no al modo de un hurto sino de una cita representa el reconocimiento de que ciertas palabras ya dichas son las mejores para nombrar lo que aquí debemos nombrar. Y lo que aquí debemos nombrar es el contenido de este nuevo poemario de Silvina Guala, Trazos, cuyo rasgo distintivo, cuya manera de advenir como poesía, consiste precisamente en presentarse como un conjunto armónico y fluyente de numerosas formas breves.
Esa presentación, lógicamente, implica una elección tanto como una apuesta en el plano de la poética. Optar por la brevedad, por la forma concisa y marcadamente limitada, supone jugarse por (en) la posibilidad de hacer poesía a partir de la síntesis que impone toda escritura sucinta: decirlo todo con la menor cantidad posible de términos.
Semejante apuesta no es imposible pero es riesgosa, y por ello se mantiene siempre frente a la inminencia del fracaso. Siempre se puede fracasar cuando se intenta contener al mundo, a la vida, a las pasiones, a la memoria o a la melancolía en la brevedad de unas pocas palabras, y en la estructura formal de unos pocos versos.
Felizmente, no es ése el caso de Trazos, un poemario donde Silvina Guala logra sortear con maestría los riesgos que conlleva esa clase de elecciones poéticas. Sus poemas, breves y contundentes como los haikús aunque no lo sean en un sentido concreto y preciso (ya que su métrica es otra y su extensión notoriamente mayor), logran exponer ciertos sentidos de modo tan intenso, que terminan mostrándose como auténticos fulgores ante el ojo que, al leerlos, inevitablemente los mira. Ese fulgurar del poema supone, por lo tanto, no sólo la manifestación de un texto por leer sino además, y de manera ostensible, el acontecimiento de un acto. En él, los poemas más que ofrecerse se ofrendan, como una entrega amorosa dirigida a sus lectores.
Trazos que son, de tal modo, auténticos dones, los poemas de Silvina Guala intentan ceñir, en su brevedad, lo inaprehensible del universo. Y no se trata de un emprendimiento utópico o de la actualización de una paradoja, dado que en ellos ese propósito se consuma. No por recorte o contigüidad, como si se tratase de un despliegue de sucesivas metonimias, sino por la capacidad de decirlo todo en la austera enunciación de esas formas pequeñas.
Organizado a partir de una serie de secciones, la primera de las cuales es la más extensa y la que le brinda su nombre al libro, Trazos es asimismo la inscripción poética de una palabra y una mirada que cantan al mundo, al amor y a la vida. Ese canto se ordena temáticamente, podría decirse, desde los títulos que designan cada una de sus partes: trazos, circenses, con permiso…, ribereños y en portugués. No hay una razón necesaria que rija esa serie: su acaecer obedece a lo indeterminado de lo meramente aleatorio. Los trazos de Silvina Guala hablan de esos temas como podrían hablar de tantos otros, porque lo que se dice en poesía siempre es algo así como la materia en estado bruto a partir de la cual se construye el poema. Lo que cuenta, en este caso como en cualquier otro, es cómo se lo dice, porque en ese cómo se dirime la obtención de la forma que instituye la poesía. Que será asimismo aleatoria, ya que su ejecución -aquí bajo la modalidad de la forma breve- se debe más a la magia de una escritura pulsional que a las prescripciones racionales de cualquier canon estético, ético o político, o a los mandatos metalingüísticos con que una cultura o una sociedad querrían aventar los peligros que conlleva toda palabra insurrecta.
Alzados ante esas prescripciones y esos mandatos, los poemas breves de Silvina Guala nos vienen a recordar que la única palabra irreductible para las convenciones y las normas es, justamente, la palabra poética.