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27.8.10

Mas Raúl González Tuñón



La luna con gatillo

Es preciso que nos entendamos.


Yo hablo de algo seguro y de algo posible.

Seguro es que todos coman

y vivan dignamente

y es posible saber algún día

muchas cosas que hoy ignoramos.

Entonces, es necesario que esto cambie.



El carpintero ha hecho esta mesa

verdaderamente perfecta

donde se inclina la niña dorada

y el celeste padre rezonga.

Un ebanista, un albañil,

un herrero, un zapatero,

también saben lo suyo.



El minero baja a la mina,

al fondo de la estrella muerta.

El campesino siembra y siega

la estrella ya resucitada.

Todo sería maravilloso

si cada cual viviera dignamente.



Un poema no es una mesa,

ni un pan,

ni un muro,

ni una silla,

ni una bota.



Con una mesa,

con un pan,

con un muro,

con una silla,

con una bota,

no se puede cambiar el mundo.



Con una carabina,

con un libro,

eso es posible.



¿Comprendéis por qué

el poeta y el soldado

pueden ser una misma cosa?



He marchado detrás de los obreros lúcidos

y no me arrepiento.

Ellos saben lo que quieren

y yo quiero lo que ellos quieren:

la libertad, bien entendida.



El poeta es siempre poeta

pero es bueno que al fin comprenda

de una manera alegre y terrible

cuánto mejor sería para todos

que esto cambiara.



Yo los seguí

y ellos me siguieron.

¡Ahí está la cosa!



Cuando haya que lanzar la pólvora

el hombre lanzará la pólvora.

Cuando haya que lanzar el libro

el hombre lanzará el libro.

De la unión de la pólvora y el libro

puede brotar la rosa más pura.



Digo al pequeño cura

y al ateo de rebotica

y al ensayista,

al neutral,

al solemne

y al frívolo,

al notario y a la corista,

al buen enterrador,

al silencioso vecino del tercero,

a mi amiga que toca el acordeón:

-Mirad la mosca aplastada

bajo la campana de vidrio.



No quiero ser la mosca aplastada.

Tampoco tengo nada que ver con el mono.

No quiero ser abeja.

No quiero ser únicamente cigarra.

Tampoco tengo nada que ver con el mono.

Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombre

y no quiero ser, jamás,

una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.



Ni colmena, ni hormiguero,

no comparéis a los hombres

nada más que con los hombres.



Dadle al hombre todo lo que necesite.

Las pesas para pesar,

las medidas para medir,

el pan ganado altivamente,

la flor del aire,

el dolor auténtico,

la alegría sin una mancha.



Tengo derecho al vino,

al aceite, al Museo,

a la Enciclopedia Británica,

a un lugar en el ómnibus,

a un parque abandonado,

a un muelle,

a una azucena,

a salir,

a quedarme,

a bailar sobre la piel

del Último Hombre Antiguo,

con mi esqueleto nuevo,

cubierto con piel nueva

de hombre flamante.



No puedo cruzarme de brazos

e interrogar ahora al vacío.

Me rodean la indignidad

y el desprecio;

me amenazan la cárcel y el hambre.

¡No me dejaré sobornar!



No. No se puede ser libre enteramente

ni estrictamente digno ahora

cuando el chacal está a la puerta

esperando

que nuestra carne caiga, podrida.



Subiré al cielo,

le pondré gatillo a la luna

y desde arriba fusilaré al mundo,

suavemente,

para que esto cambie de una vez.





LLuvia


Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.


De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.

De cualquier manera sus tambores acunan nuestras noches y la lectura tranquila corre a su lado por los canales del sueño.

Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban:

No habían despertado todavía al amor.

No sabían nada de nosotros.

De nuestro secreto.

Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga.

Estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro compartido, en nuestro apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.

Te quiero con toda la ternura de la lluvia.

Te quiero con toda la furia de la lluvia.

Te quiero con todos los violines de la lluvia.

Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana, increíble, pero, tan real, numerosa, pero tan mía.

Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño.

Oh, visitante.

Ya es seguro que ningún desvío nos separará.

Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único.

Ambos nos ayudaremos para subir la callejuela empinada.

Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos la línea del otoño.

Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan poderosa, que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto, cuando tú y yo seamos sombras, y todavía estemos pegados, juntos, subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión irremediable.

Oh, visitante.

Estoy lleno de tu vida y de tu muerte.

Estoy tocado de tu destino.

Al extremo de que nada te pertenece sino yo.

Al extremo de que nada me pertenece sino tú.

Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta.



La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Oh, íntima, recóndita alegría.

Estoy tocado de tu destino.

Oh, lluvia. Oh, generosa.









CASA DE REMATE




Armatostes insignes! Todavía maduros,

cuánta vida a su orilla es hoy podrida muerte,

cementerio de gestos y voces y cenizas.



Armarios, mesas, cómodas, sillones,

que fueron vegetal estremecido,

aserradero y éxtasis.



Guardaron los secretos familiares,

como animales fieles y callados y lentos

¡compresivos!



El hogar, la provincia,

el adorno de los candelabros,

la represión sexual

y el deseo de los daguerrotipos.



Y cuántas frases célebres,

cuántos niños prodigio con violines,

cuánta vajilla fallecida,

cuánto termómetro,

cuánta carta con noticias que un tiempo conmovieron,

cuánto viaje que nunca realizaron

porque, a lo sumo, con los cuadros cirios

ardiendo todavía, alguien que sale,

alguien a quien se llevan

hacia la soledad y los gusanos,

hacia la nada activa.



Algo de abandonadas estaciones,

algo de teatro clausurado,

algo de recepción deshabitada,

algo de espectro real, concreto espanto,

y de naufragio sin naufragio.





EL CABALLO MUERTO




Media noche. Sobre las piedras

De la calzada hay un caballo muerto.

Aún faltan cinco horas

Para que venga el carro de "La Única"

Y se lo lleve. Ese caballo viejo,

hedoroso de sangre coagulada,

ese pobre vencido, fue un obrero.



Un hermano del pájaro, un hermano del perro.

Fue el hermano caballo que anduvo bajo el sol,

que anduvo bajo el agua, que anduvo entre los vientos

tirando de los carros

con los ojos cubiertos.

Fue el hermano caballo. Ninguno irá a su entierro.





ESCRITO EN UNA TRASTIENDA



En todos los puertos del mundo

descansa la noche

sobre los navíos oscuros

y reza su rosario de lunas

el viejo lobo curtido y silencioso.

Palomas de las músicas vagabundas

picotean los fanales encendidos.

Tu recuerdo ha hecho hueco en mi mano sin luz.

Ah, llegar a tu cabellera rubia como a un puerto final.



Atracan los astros

y detrás de los grandes murallones de sombras

luces multicolores se roban las miradas

y las estrellas son afónicas

como la voz de la violinista tuberculosa

cuya tos en el bar es obligatoria.

El alcohol anda en zancos y las mujeres canallas

Pasean su olor a polvo y su cansancio.

En todos los puertos del mundo

hay alguien que está esperando.

Hasta muy cerca de los navíos

salen los patios

y entran por los oídos de los marinos.

Un sabor dulce, un amargo sabor.

En todos los puertos del mundo

hay vagabundos como yo

que asoman al asombro lejano

el corazón, como un barquito en la mano.

Hay una calle, larga borrachera,

pedazos de noche dispersada

y cuando llega el alba roja y con su clarín

revuela pájaros alucinados,

en todos los puertos del mundo

hay alguien que está esperando.







LA CALLE DEL AGUJERO EN LA MEDIA



Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad

y la mujer que amo con una boina azul.

Una calle que nadie conoce ni transita.

Yo conozco la música de un barracón de feria,

barquitos en botella y humo en el horizonte.

Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad.



Ni la noche tumbada sobre el ruido del bar

ni los labios sesgados sobre un viejo cantar

ni el affiche gastado del grotesco armazón

telaraña del mundo para mi corazón.

Ni las luces que siempre se van con otros hombres

de rodillas desnudas y de brazo tendidos.

Tenía unos pocos sueños iguales a los sueños

que acarician de noche a los niños queridos.

Tenía el resplandor de una felicidad

Y veía mi rostro fijado en las vidrieras

Y en un lugar del mundo era un hombre feliz.



¿Conoce usted paisajes pintados en los vidrios

y muñecas de trapo con alegres bonetes

y soldaditos juntos marchando en la mañana

y carros de verdura con colores alegres?

Yo conozco una calle de una ciudad cualquiera

y mi alma tan lejana y tan cerca de mí

y riendo de la muerte y de la suerte y

feliz como una rama de viento de primavera.



El ciego está cantando. Te digo, amo la guerra.

Esto es simple, querida, como el globo de luz

del hotel en que vives. Yo subo la escalera

y la música viene a mi lado, la música.

Los dos somos gitanos de una troupe vagabunda.

Alegres en lo alto de una calle cualquiera,

alegres las campanas con una nueva voz.

Tú crees todavía en la revolución

y por el agujero que coses en la media

sale el sol y se llena todo el cuarto de sol.



Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad,

una calle que nadie conoce ni transita.

Sólo yo voy por ella con mi dolor desnudo,

sólo con el recuerdo de una mujer querida.

Está en un puerto. ¿Un puerto? Yo he conocido un puerto.

Decir: Yo he conocido, es decir: Algo ha muerto.





COSAS QUE OCURRIERON EL 17 DE OCTUBRE



El automóvil se lanzó a la carrera con un ronquido impresionante.

El Intendente visitó esta tarde los barrios obreros húmedos y rencorosos.

A los 20 años sólo creíamos en el arte, sin la vida, sin la revolución.

Volveremos a las usina, al olor de la multitud y los descarrilamientos.

A las 5.7 estalló una bomba frente al Banco de Boston.

A las 5.17 el tranvía cayó al Riachuelo.

El Restaurant Reis queda en Río de Janeiro.

¿Nise o Nice, se llamaba la mujer de Mario Magalhaes?

El tranvía escapaba por el morro la oruga tierna, luminosa.

Pero al fin se dio vuelta en el recodo y se perdió.

Y así se perdió y así se pierde casi todo en el mundo.

Cuando volví mis viejos compañeros habían desaparecido.

Los niños juegan en la alfombras y ellos no saben nada;

por los ojos les entra la página del Veo y Leo.

("¡Fuego, fuego! La casa se quema. Vienen los bomberos").

Los enanos juegan en los calveros de los grandes bosques.

HA hecho de mi querida una verdadera camarada.

Me bebo un seco de Gordon, bailo un blues, me enamoro de algunas chimeneas

y me río de los millonarios.



El pobre hombre dijo cuatro palabras y cayó muerto acribillado.

El coronel entregó personalmente 5 pesos a cada soldado.

Le habían dicho: "Mañana, al alba, será usted fusilado".

Los otros condenados aullaron agarrados a las rejas.

Tres niñas de la Sociedad van a ser presentadas al Príncipe de Gales.

El Parque amaneció cubierto de preservativos.

Josefina II ha pasado recién como un silbido.

Se acercará al muelle y las lindas muchachas bajarán, de sombrilla.

¡Qué macanudo!

("¡Fuego, fuego! La casa se quema. Vienen los bomberos."

"Sofá. Cama. Sopa. Cada nabo soso. La bola va sola.")

El hombre fusilado debe estar ya medio destruido en la Chacarita.

América Scarfó le llevará flores, y cuando estemos todos muertos muertos,

América Scarfó nos llevará flores.



Ricardo Crespo





BLUES DE LOS PEQUEÑOS DESHOLLINADORES



¿Te acuerdas de los turcos vendedores

de madapolán?

¿Y de los muñecos de trapo quemados en la

noche de San Juan?

¿Te acuerdas de los pequeños deshollinadores

y de los negros candomberos

y de mí que en las tardes de lluvia

detrás de los vidrios

miraba el paisaje caído en la zanja?



¿Te acuerdas del muro del día escalado, ardido,

mordido como una

fruta?

¿Te acuerdas de María Celeste?

Pues hoy María Celeste es una

prostituta.

¿Te acuerdas de la tienda fresca, violeta, rosa

y el torcido y verde farol?

Pues Juan el Broncero es hoy

un ladrón.



¿Te acuerdas de los pequeños deshollinadores

oscuros, oscuros?

Pues hoy los pequeños deshollinadores

son hombres maduros

que gritan en las cantinas

escupen polvo en las negras fábricas

y aguardan las yiras fugaces

en los baldíos y en las esquinas.

1 comentario:

  1. Silvina, es muy bonito tu trabajo…realmente dedicado a la belleza y por eso te admiro, por tu energía aplicada al conocimiento y aprendizaje literario. Quería mucho decirte que te apoyo en tu emprendimiento y que mereces reconocimiento por varios meritos tan grandes tuyos además de tu esfuerzo y por la incesante búsqueda de la belleza. Excelente inicio! PARABENS CON MAYUSCULAS! Esta liiiiiiindo!!!

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