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20.3.13




sesgas el ocre
ramita que en otoños
espiralas



4.3.13




grita su nombre / en mi boca
aullido donde los cuerpos bailan



2.3.13




la sutileza de la noche
siembra palabras
semillas preñadas
parirán el poema



26.2.13




puedo elegir la nada
que alimenta al amor



13.2.13




caballos blancos 
galopan en la nieve
el paisaje es apenas
latido del color



9.2.13




demorarme
en el susurro de tus manos
arena de la sed
sal sol
agüita de la orilla



1.2.13

FORMAS BREVES






Por Roberto Retamoso




Formas breves es el título de un libro de Ricardo Piglia. Lo advertimos para que no se piense que lo estamos plagiando, ni tampoco que se crea que lo usamos por desconocimiento de esa obra. Por el contrario, su utilización deliberada obedece a una manera de entender la escritura, a la que concebimos como un vasto espacio compuesto de citas, alusiones, paráfrasis e incluso -en un sentido más bien fónico y sonoro, acorde con la sustancia de la poesía- de ecos y reverberaciones de voces que resuenan en nuestra propia voz.
Si la escritura, entonces, es ese juego donde los textos y las palabras replican la serie infinita del lenguaje que los alberga y engendra, la apropiación de un nombre no al modo de un hurto sino de una cita representa el reconocimiento de que ciertas palabras ya dichas son las mejores para nombrar lo que aquí debemos nombrar. Y lo que aquí debemos nombrar es el contenido de este nuevo poemario de Silvina Guala, Trazos, cuyo rasgo distintivo, cuya manera de advenir como poesía, consiste precisamente en presentarse como un conjunto armónico y fluyente de numerosas formas breves.
Esa presentación, lógicamente, implica una elección tanto como una apuesta en el plano de la poética. Optar por la brevedad, por la forma concisa y marcadamente limitada, supone jugarse por (en) la posibilidad de hacer poesía a partir de la síntesis que impone toda escritura sucinta: decirlo todo con la menor cantidad posible de términos.
Semejante apuesta no es imposible pero es riesgosa, y por ello se mantiene siempre frente a la inminencia del fracaso. Siempre se puede fracasar cuando se intenta contener al mundo, a la vida, a las pasiones, a la memoria o a la melancolía en la brevedad de unas pocas palabras, y en la estructura formal de unos pocos versos.
Felizmente, no es ése el caso de Trazos, un poemario donde Silvina Guala logra sortear con maestría los riesgos que conlleva esa clase de elecciones poéticas. Sus poemas, breves y contundentes como los haikús aunque no lo sean en un sentido concreto y preciso (ya que su métrica es otra y su extensión notoriamente mayor), logran exponer ciertos sentidos de modo tan intenso, que terminan mostrándose como auténticos fulgores ante el ojo que, al leerlos, inevitablemente los mira. Ese fulgurar del poema supone, por lo tanto, no sólo la manifestación de un texto por leer sino además, y de manera ostensible, el acontecimiento de un acto. En él, los poemas más que ofrecerse se ofrendan, como una entrega amorosa dirigida a sus lectores.
Trazos que son, de tal modo, auténticos dones, los poemas de Silvina Guala intentan ceñir, en su brevedad, lo inaprehensible del universo. Y no se trata de un emprendimiento utópico o de la actualización de una paradoja, dado que en ellos ese propósito se consuma. No por recorte o contigüidad, como si se tratase de un despliegue de sucesivas metonimias, sino por la capacidad de decirlo todo en la austera enunciación de esas formas pequeñas.
Organizado a partir de una serie de secciones, la primera de las cuales es la más extensa y la que le brinda su nombre al libro, Trazos es asimismo la inscripción poética de una palabra y una mirada que cantan al mundo, al amor y a la vida. Ese canto se ordena temáticamente, podría decirse, desde los títulos que designan cada una de sus partes: trazos, circenses, con permiso…, ribereños y en portugués. No hay una razón necesaria que rija esa serie: su acaecer obedece a lo indeterminado de lo meramente aleatorio. Los trazos de Silvina Guala hablan de esos temas como podrían hablar de tantos otros, porque lo que se dice en poesía siempre es algo así como la materia en estado bruto a partir de la cual se construye el poema. Lo que cuenta, en este caso como en cualquier otro, es cómo se lo dice, porque en ese cómo se dirime la obtención de la forma que instituye la poesía. Que será asimismo aleatoria, ya que su ejecución -aquí bajo la modalidad de la forma breve- se debe más a la magia de una escritura pulsional que a las prescripciones racionales de cualquier canon estético, ético o político, o a los mandatos metalingüísticos con que una cultura o una sociedad querrían aventar los peligros que conlleva toda palabra insurrecta.
Alzados ante esas prescripciones y esos mandatos, los poemas breves de Silvina Guala nos vienen a recordar que la única palabra irreductible para las convenciones y las normas es, justamente, la palabra poética.




29.1.13

Pollo antologado

 "¿porqué el pollo cruzó la carretra?" en la voz autores amados/odiados, juego propuesto por Gerardo Lewin 


desterrado del aire
polleo
no hay ramita 
para posar la quietud /
inquieta
mis alas / la ternura
cruzar el camino
el revés de la vida


(pollo a la Gelman)




Aquí- es decir, de este lado.
Allí- es decir, el otro lado.
Y la carretera gris
donde barcos con ruedas pasan
remontando un río de bítumen.

Aquí- es decir, al borde
un ave en ascuas
fondea el sueño de atravesarla.


(a la Paul Celan)




pluma en 
huesos de piedra
pienso el asfalto
un canto 
vuelco cuerpo
de lado
alternado
sigo
ladeando pie
en el camino
pio


(a la Girondo)



la centella gris
interroga al pollo
en el camino


(a la Bashô)



24.1.13




busqué lo que nombra
el temblor del pétalo
con la gota de rocío
apropiaste el sonido
arrancaste la flor



17.1.13




rozar el incendio de tu boca
mis bordes papel de seda



16.1.13




brotas verde mi piel
vuelve en inmenso azul
para que navegues



15.1.13




ese silencio de niños 
ramita que espirala
será el invierno tu quietud?



14.1.13




conozco tus rincones
los busco me encuentro
soy 
la desterrada de tu boca



13.1.13




acabo de plegar un barco
resistirá el viento?
busca tu mano la orilla



11.1.13




es
la cuadratura del círculo
el tiempo en un reloj
detener al corazón que se rompe







vivir el extravío 
la duda es morir
de placer o hastío







8.1.13




corregiré el amor
hasta que escuches
trompetas con los ojos






quedan tus labios
- manifiesto del delirio -
a las pestañas
las abre el día






escuchas el susurro
ramita que espirala? 




6.1.13




te diría el color de la noche
si lo supiera
te hablaría del amor