La carne es buena aunque la mires demasiado, como si pudieras traspasar la piel, sumergirte entre las fibras, caminar por ellas como en empedradas callejuelas norteñas de provincia descansando de siesta; saborear dulce en mi boca dentellando un cardíaco durazno. Como si pudieras ver al viento sujetarse a mi pelo sobre el galope del caballo y desatarse de golpe para jugar aturdiendo la mansedumbre del estero, o despertar temprano con un zarandeo al cultivo de algodón. Como si pudieras sentir mi pasión invadiendo el bosque, fatigándose en el río, recorriendo la sedienta totora, la saeta, el junco, para terminar acampando bajo inmutables quebrachos. O mi miedo obnubilado al ver dos metros agazapados de puma sobre el brazo cercano del algarrobo. Como si pudieras leer mi carne y borrar también todo el verde de mi infancia antes del primer mordisco.
del libro "miradas y temblor"

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